El lado oscuro del "Quedate en casa"
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“El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es la clave para entender la desigualdad"
El lado oscuro del "Quedate en casa"
 
Ver imagen El efecto de las medidas para enfrentar la pandemia potencian las desigualdades en el mercado de trabajo entre hombres y mujeres.

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Fecha:19/05/2020 9:31:00 
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El “quedate en casa”, como una forma de cuidado, fue la estrategia de inmunización más rápida y segura que adoptó el gobierno argentino, y los del resto del mundo, frente a la pandemia del coronavirus. Pero también, volvió a poner en debate un lucha histórica de los feminismos que sitúa al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado como la clave para entender la desigualdad de género. La cuarentena redefinió la cotidianeidad. Las familias tuvieron que reemplazar a las instituciones en tareas como la educación y el cuidado de los chicos.

Pero además se sumaron otras nuevas, como extremar las medidas de higiene del hogar, de la ropa, organizar la compra de los alimentos y, en muchos casos, sumar a eso el teletrabajo.

Por otra parte, entre las actividades exceptuadas del aislamiento una de las más destacadas es el servicio de salud, un segmento altamente feminizado. De hecho, las mujeres argentinas ocupan seis de cada 10 puestos profesionales en ese sector, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Así, las tareas del hogar y el trabajo con alta participación femenina se multiplicaron y volvieron a visibilizar la doble carga que representa para el universo de las mujeres e identidades feminizadas en un escenario de emergencia como el que generó el coronavirus.

“El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es la clave para entender la desigualdad: las mujeres dedican tres veces más tiempo a estas tareas que los varones y eso impacta en sus posibilidades de insertarse en el mercado laboral”, señala el informe Las brechas de género en la Argentina, estado de situación de cara a 2020 que elaboró la Dirección Nacional de Economía, Igualdad, y Género del Ministerio de Economía de la Nación que está a cargo de la economista Mercedes D’Alessandro.

La última Encuesta del Uso del Tiempo que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en 2013 muestra que las mujeres en Argentina, trabajan más que los varones, contabilizando el trabajo remunerado y el que no lo es.

De hecho, ese informe muestra que los varones trabajan 42,9 horas semanales en forma remunerada, mientras que las mujeres 33,1 horas, recibiendo un pago por esa labor. En cambio, las mujeres suman 41,3 horas de trabajo no remunerado semanal, contra el 24,5 horas de los varones. De modo que si se suma el total de horas semanales de trabajo (remunerados y no) las mujeres llegan a 74,4 horas y los varones a 67,4.

Reperfilado

Esa desigualdad por carga horaria a la que hace referencia el relevamiento “impacta en sus posibilidades de insertarse en el mercado laboral”, ya que las mujeres no tienen el tiempo para hacerlo. “Si consideramos el trabajo de las amas de casa como un aporte a la actividad económica la brecha de actividad entre varones y mujeres se reduce a 11 puntos porcentuales”, apunta el informe y detalla que la tasa de actividad que (en base a la EPH, III trimestre de 2019) fue del 49,2% para las mujeres y del 70,2% para los varones. Pero si en esa medición se incluye a las tareas domésticas y de cuidado, ese porcentaje sube del 62,9% para mujeres y el 74,5% para los varones. “Aún cuando es fundamental para el funcionamiento social, estos trabajos no se consideran como productivos, no se miden como parte de la actividad económica y las personas que se dedican a estos son consideradas inactivas”, refirió el estudio.

Sin embargo, aunque la pandemia visibilizó estas actividades, no alcanzó para cerrar la brecha, sino que por efecto de este “estado de emergencia”, la profundizó. En el estudio ¿Los cuidados en agenda? Reflexiones y proyecciones feministas en época de Covid-19, las investigadoras Nora Goren, Celeste Jerez y Yamila Figueroa, de la Universidad Nacional de José C Paz, analizaron “de qué manera en el territorio del Gran Buenos Aires se conjugan estos ‘nuevos’ tiempos educativos con la dedicación a las tareas básicas de reproducción, entre ellas, limpieza, cocina, compra de alimentos de todos los días, cuando, además, todas las personas del hogar están presentes al mismo tiempo”. Además, por otro lado, “sobre quiénes recae el acompañamiento de la realización de deberes o tareas escolares”.

Entre las respuestas relevadas, “la actividad a la que se le aumentó la dedicación horaria fue la de limpieza, paralelamente con el acompañamiento de las tareas escolares, tanto entre mujeres como entre varones, en ambos casos, en hogares indicados como compartidos con familiares directos”, plantearon en el estudio.

“Por otra parte, observamos que los varones, durante la cuarentena, además de estas tareas, dedican tiempo a realizar deportes en el hogar, a entretenimientos como videojuegos y programas de televisión, o incluso a la lectura. Mientras que las mujeres plantearon que tuvieron un aumento de dedicación considerable en las tareas básicas de reproducción y un mínimo incremento en las tres actividades de recreación”, agregaron las especialistas.

El estudio muestra una vez más que en esta situación de emergencia por la pandemia, el uso del tiempo se reparte en forma desigual entre varones y mujeres.

Pasado pisado

La educación, el cuidado de los chicos, las tareas de limpieza del hogar fueron asignadas a lo largo de la historia material y simbólicamente a las mujeres. Ante esto, Goren, Jerez y Figueroa se preguntan “¿cómo no suponer que lo que era, no se potenciaría y recargaría? ¿Acaso hoy estamos ante una propuesta de readecuación de los roles de reproducción?”.

La pandemia puso en evidencia, mucho más que otras veces, esa recarga laboral que no se traduce en ingresos.

El informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación echa luz sobre la dimensión de la brecha salarial, que también está cruzada por cuestiones de género. “Las mujeres ganan en promedio un 29% menos que los varones”, señalan según datos de la EPH del III trimestre de 2019 que publicó el Indec.

Detalla al respecto que la brecha llega al 26,1% entre los trabajadores/as ocupados/as y sube al 35,6% entre los trabajadores/as informales. En este punto es clave analizar cuál es la principal ocupación de las mujeres. La mayoría trabaja en servicio doméstico remunerado: esta actividad representa el 16,5% de las mujeres ocupadas, y el 21,5% de las asalariadas.

“Estas tareas están extremadamente feminizadas: el 96,5% son mujeres y el 72,4% de ellas no percibe descuento jubilatorio, mientras que el promedio de salarios que perciben es de 8.167 pesos, un 51,6% menos que el salario mínimo vital y móvil”, indicó el informe, y apuntó: “Son las trabajadoras remuneradas más pobres de toda la economía”. La doctora en Economía Julia Strada señaló que “hay un invisibilización de las mujeres en los eslabones de la cadena productiva que se tiende a dar más en la cuarentena”.

En una charla on line organizada por la Secretaría de Igualdad y Género de Santa Fe, explicó que la presencia femenina se observa en los rubros exceptuados del aislamiento en los servicios, fundamentalmente los asociados al cuidado de la salud y también al servicio doméstico, ya que en muchos barrios estas mujeres trabajan incluso en cuarentena”.

Un repaso por los distintos sectores económicos permite ver lo feminizadas que están determinadas actividades y los límites que existen en otras para las mujeres.

En la construcción, el 95% son varones y el 4,6% mujeres en energía el 73,5% varones y el 26,5% mujeres. En industria el porcentaje es del 70,5% y 29,5% respectivamente. En tanto, en el resto el 61,9% son varones y el 38,1% mujeres.

En cambio, en los servicios sociales, el 32,9% son varones y el 67,1% mujeres. En enseñanza, los varones son apenas el 27,4% y las mujeres el 72,6%, en asistencia social el 17,3% y el 82,7% respectivamente y finalmente, en personal doméstico, el 3,5% son varones y el 96,5% mujereres.

La contundente realidad que exponen los números

“Como consecuencia de los roles de género y la inserción precaria de las mujeres en el mercado laboral, el 73% de las personas que accedieron a jubilarse vía moratoria son mujeres”, destacó el informe de la Dirección de Economía y Género.

Es que la mitad de quienes no consiguen empleo son jóvenes de hasta 29 años y, entre estas personas, son las mujeres quienes enfrentan las tasas más altas de desocupación,con un 23%. Por otra parte, sólo un 10,7% de las mujeres de entre 55 y 59 años tienen aportes que le permitirían acceder a una jubilación.

Pero, además, el impacto de la crisis las golpea aún más. “Como consecuencia de la crisis y la inflación, hoy 1,9 millones de personas beneficiarias de AUH tienen deuda con Anses”, dice el relevamiento. El 96% de quienes reciben AUH son mujeres y el monto de las AUH está hoy en 3.103 pesos, mientras que el saldo promedio de la deuda per cápita es de 15.600.

En ese contexto, Strada valoró las primeras medidas que adoptó el gobierno nacional para asistir a los sectores de menores ingresos frente a la pandemia. “Cualquier medida que represente poner dinero por abajo es una política feminista”, expresó Strada. Explicó que cuando se divide la sociedad argentina en deciles de ingresos, para ver dónde está concentrada la riqueza, el decil 1 donde están los más pobres, es el que está más feminizado”. Por otra parte, agregó que en materia de jubilaciones “el 74% de las que perciben la mínima son mujeres”. En gran parte, son las que se jubilaron por la moratoria, lo que “muestra que muchas fueron trabajadoras de casas particulares, o amas de casa, mayoritariamente sin registración”.

Para las investigadoras Goren, Jerez y Figueroa: “En este entramado debemos mirar que son las trabajadoras de casas particulares quienes vieron cancelados en su gran mayoría sus ingresos, los precarizados, también mayormente mujeres y personas LGTBIQ son ellas las que van a buscar los bolsones y organizan las ollas populares entonces, ¿no será el momento propicio para pensar en la redistribución, en términos económicos, pero también sociales, de dinámicas organizacionales, familiares, a partir de las cuales emerja la promoción de la distribución más equitativa, de una formación no binaria, no sexista?”.
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