Las catorce víctimas del terror en la UTN
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Reconocimiento a los desaparecidos de la regional Buenos Aires
Las catorce víctimas del terror en la UTN
 
Ver imagen La Universidad Tecnológica reconoció y homenajeó a los alumnos, docentes y trabajadores de la facultad de Buenos Aires que fueron desaparecidos o asesinados durante la dictadura.

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Fecha:13/05/2019 8:46:00 
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Eduardo Michaud, Oscar Miranda, José Varela, Laura Mujica, Eduardo Piroyanski, José Mendoza, Luis Mendiburu, Marcos Beovic, Ricardo Yanguas, Guillermo Montes, María Cristina Onis, Héctor Silveiro, Miguel Schwartz y Jorge Tomay Nigro son catorce hombres y mujeres que tienen tres cosas en común: ya sea como trabajadores o como estudiantes transitaron la facultad regional Buenos Aires de la Universidad Tecnológica Nacional por ser militantes políticos en los 70 fueron asesinados o desaparecidos por la última dictadura cívico militar y, lo más importante de todo, tras una investigación de más de un año, la universidad los reconoció y los homenajeó como víctimas del terrorismo de Estado, algo que hasta entonces no figuraba en los registros oficiales de la institución. “Es importante que la facultad cuente que esto pasó, que explique que no fue ajena a este proceso de terror”, destacó Johana Fleitas, estudiante e integrante del colectivo que llevó a cabo la investigación. El trabajo sobre estas catorce víctimas culminó pero la actividad de la comisión continúa.

“La universidad tiene una historia que a veces no es sencillo de reconstruir”, reconoció Guillermo Oliveto, decano de la facultad regional Buenos Aires de la UTN y responsable, en parte, de la existencia de la comisión especial que nació hace poco más de dos años con el objetivo de superar aquel obstáculo: el de reconstruir el capítulo de la historia de la institución vinculado con la última dictadura y sus víctimas.
La idea de crear una comisión investigadora que identificara con nombre y apellido a los hombres y mujeres vinculados a la facultad que fueron asesinados entre 1973 y 1983 o permanecen desaparecidos desde entonces, que intentara reconstruir sus historias personales y que fueran reconocidos y recordados por la institución como víctimas fue de una estudiante de esa casa de altos estudios. La propuesta fue aceptada y hecha realidad a través de una resolución del consejo directivo hace poco más de un año. En ese sentido, Oliveto consideró la iniciativa como “fundamental” porque “significa rescatar la memoria y sobre todo honrar a los estudiantes, graduados, trabajadores docentes y no docentes que han sido víctimas del terrorismo de Estado que asoló el país”.
La comisión comenzó a funcionar a principios de 2018, a través del trabajo coordinado de cuatro claustros: docentes, graduados, no docentes y estudiantes. “Contábamos con nombres tentativos que figuraban en listados de víctimas oficiales –el registro Unificado de Víctimas de Terrorismo de Estado– pero a modo general. Estaban identificados como trabajadores o estudiantes de la UTN pero no aclaraban de qué regional”, sostuvo Fleitas, que fue presidenta del centro de estudiantes de la universidad y ahora, mientras reparte sus días entre la Secretaría de Asuntos Universitarios y su carrera, continúa participando de la comisión. La universidad cuenta con treinta unidades académicas en todo el país –algunas desarrollaron trabajos similares– y la comisión solo se dedica a reconstruir la historia de quienes pasaron por la facultad regional Buenos Aires.
Entonces, comenzó la investigación: el primer paso fue la comparación de esos listados con los registros oficiales de la universidad. En ese sentido, Oliveto reconoció que “la universidad tiene una historia que a veces no es sencillo de reconstruir” y que “costó atar algunos cabos, sobre todo en lo relativo a los estudiantes, pero la rueda comenzó a girar”. No bien recuperada la democracia funcionó una comisión de ilícitos que trabajó en listados de víctimas así como en la responsabilidades de las autoridades que intervinieron la regional durante los años de represión ilegal. Pero la documentación elaborada por ese colectivo “se extravió y tuvimos que empezar de nuevo”, contó el decano. A ese extravío se sumaron los daños permanentes que ocasionaron inundaciones en los registros oficiales de la facultad, echando a perder para siempre legajos.
No obstante, el trabajo dio los primeros resultados: identificaron a catorce hombres y mujeres –los mencionados al comienzo de este artículo–, trabajadores docentes y no docentes, graduados y estudiantes que fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados por la última dictadura. Una vez confirmados los nombres, empezaron a reconstruir sus historias, para lo cual fueron fundamentales todos los relatos orales a los que lograron acceder: ex alumnos, graduados, personas que siguen formando parte de la nómina de trabajadores de la facultad o de aquellos que ya no. En la semana del 24 los homenajearon plantando árboles y colocando placas recordatorias en el campus.
Sin embargo, el trabajo no culminó ahí, porque “se abrieron puertas para seguir encontrando víctimas”. Así, el consejo directivo convirtió en permanente a la comisión. “Se detectó que el trabajo tuvo un principio pero no un fin. Decidimos dejar las puertas abiertas para seguir recibiendo datos, seguir escribiendo la historia”, puntualizó el decano.
Fleitas destacó la importancia de la comisión en “la construcción de la identidad” de la universidad. “El valor de conocer la historia fortalece este lugar porque se traspasa de estudiante a estudiante. Nos ayuda a entender que detrás de cada una de estas historias terribles había personas que por sus ideas fueron asesinadas o desaparecidas, estudiantes como cada uno de nosotros”, aportó, con la mirada especialmente puesta en los “estudiantes que se suman año tras año”. “Es importante que la facultad les cuente que esto pasó –concluyó–, que les explique que no fue ajena a este proceso de terror.”
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