Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XXIV. “Nieve en Nueva York”
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XXIV. “Nieve en Nueva York”
 
Ver imagen En los últimos días de diciembre viajé desde la capital azteca a la ciudad de la “estatua de la libertad”. En el trayecto pensaba con que me encontraría.

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Fecha:10/10/2017 11:38:00 
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Al mismo tiempo y, haciendo un balance de la situación, llegaba a la conclusión que la Dictadura no había logrado su objetivo con la organización del Campeonato Mundial de Futbol en Buenos Aires más allá de la corrupción y de la compra de algunas selecciones para garantizar el triunfo de la de nuestro país.
Pensaban, los genocidas, que el mundial además de generarle apoyo en la población serviría para mejorar su imagen en el exterior.
Los centenares de periodistas de todo el mundo que viajarían a cubrir el evento deportivo, sumados a los miles de turistas, podrían certificar que los “argentinos somos derechos y humanos” que fue la consigna que le sugirió una empresa de imagen estadounidense contratada al efecto.
Sin embargo, la “Ronda de las Madres“ de nuestros compañeros “desaparecidos”, custodiada por cientos de efectivos de la Policía Federal en la Plaza de Mayo, fue la principal nota de los diarios extranjeros. A ello se sumaba el anuncio de la visita al país, en 1979, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos-CIDH- impulsada por Patricia Murphy Derian, la Secretaria de Derechos Humanos y de Asuntos Humanitarios del gobierno de James Earl “Jimmy”Carter.
Al descender de la aeronave, y luego de atravesar Migraciones sin ningún problema con el pasaporte a mi nombre elaborado por la sección de Documentación del Partido, me encontré con Gino y Carlos Gabetta. A ambos se los veía preocupados. Nos trasladamos a un bar del aeropuerto y me preguntaron qué estaba pasando ya que había llegado Paula y exigía que el colectivo de la revista “Denuncia” ratificara el absoluto acatamiento al Secretario General del Partido, repudiando a los “disidentes” que protegían al supuesto “traidor” lo que generaba intranquilidad en dichos compañeros.
Les hice una síntesis de la crisis que atravesábamos sumada a una verdadera “caza de brujas” desatada contra militantes probados por parte de una fracción del Buró concluyendo que no cabía duda que la organización partidaria se dividía inexorablemente.
Entendía que lo mejor, para evitar que el Mensuario dejara de salir, era que el colectivo quedara al margen de esta crisis para lo cual estaba dispuesto a renunciar a la dirección del mismo y a preparar el encuentro que impulsaba el “Pelado”. Estuvieron de acuerdo, y Carlos haría un anuncio similar.
Con esas coincidencias nospreparamos para concurrir a la reunión prevista para ese 22 de diciembre. Antes de la misma y, a los efectos de dejar el pequeño equipaje que llevaba, me dirigí al departamento en el que me había alojado anteriormente. La pareja de jóvenes que habitaban el lugar no me recibió como siempre por el contrario, se los veía molestos con mi presencia por lo que llegue a la conclusión que el daño ya estaba hecho y les anuncie que me iría al día siguiente.
La reunión de todo el equipo comenzó en un ambiente tenso con un informe de Paula que volvió a reiterar lo que nos había dicho el “Secretario General“ a mí y a Rodolfo. Al escucharla me parecía mentira que esta fuera la compañera que incorporé al Partido a principios del año 1975 y pensé como algunos seres humanos se transforman cuando creen tener una “cuota de poder” en este caso el respaldo de una fracción del Buró.
Reiteré lo que ya manifestara en aquella oportunidad y di argumentos sólidos que demostraban que el presunto “infiltrado” era un extraordinario compañero al que conocía desde hacía muchos años y con el cuál mi hermana Susana había comenzado a formar el FAS.
Dije que era falso que “los cubanos” hubieran advertido que había un traidor en la dirección y sostuve que esta, que no podía explicar sus gruesos errores, usaba esta falacia para ocultarlos.
Señalé que por suerte había intervenido Gorriarán para impedir que se llevara a cabo un “secuestro” del falsamente imputado, con consecuencias imprevisibles.
Paula reiteró lo que había dicho y no tuvo en cuenta ninguna de mis apreciaciones. Yo terminé manifestando que renunciaba a la Dirección de la revista, ya que entendía que sus integrantes, que habían forjado, con la conducción de Gino, un instrumento clave en la difusión de los crímenes de las Dictaduras en todo el Continente, debían permanecer ajenos a esta crisis y garantizar la continuidad de la misma.
Carlos, que en los últimos números le había dado a la misma una impronta profesional periodística importante volcando su experiencia, también comunicó su renuncia sin pronunciarse sobre la ruptura. Paula siguió exigiendo “obediencia debida“ que fue lo que votaron la mayoría de los componentes del colectivo.
Al terminar el encuentro se advertía hostilidad y agresividad por lo que nos fuimos, los “malditos”, en una noche fría y en la que se advertía la caída de las primeras nieves en la ciudad que había elegido Truman Capote, un icono de la llamada “neoyorquinidad”.
Al día siguiente –ya en las vísperas de Navidad– me exigieron que abandonara el departamento de los jóvenes que no vería más en mi vida y lo mismo hicieron con Gino y Carlos. Los tres nos encontramos vagando sin rumbofijo en una tarde-noche cada vez más inhóspita, sin dinero para ir a un hotel y pasando de bares en bares tratando de consumir lo mínimo.
En ese escenario, que era la antítesis del que había vivido cuando llegue la primera vez, recordé que era corresponsal de una agencia de prensa italiana en esa ciudad Deodoro Roca, el hijo de Gustavo. Lo llamé por teléfono y le conté la situación en que nos encontrábamos. Me dijo que nos podía ofrecer que durmiéramos en la alfombra del living y que nos prepararía una sopa caliente. Le agradecí, y cuando llegamos, sentimos su afecto, que nos reanimó.
Al día siguiente nos separamos, Carlos partió a París, yo a México y Gino a su casa en Washington.
Teníamos una sensación de tristeza ya que sabíamos, como ocurrió, que ese proyecto periodístico –político desaparecería.
Ya en el DF, si bien estaba aislado de la “regional” teníamos amigos y compañeros de otras organizaciones con los que manteníamos relaciones fraternas.
Licha y el Flaco y Cate y Santi eran los que nos visitaban y a los que poníamos al tanto de los próximos pasos de nuestro grupo. Algunas noticias eran reconfortantes. Los compañeros Eduardo Luis Duhalde, Carlos González Gartland y Gustavo Roca, que integraban la Comisión Argentina de Derechos Humanos –CADHU- que estaban llevando adelante una exitosa gestión de denuncia del genocidio argentino nos comunicaron, a Rodolfo Mattarollo y a mí, que nos ratificaban como integrantes del Consejo Directivo no aceptando los que pudiera intentar imponer la fracción del Secretario General.
Idéntica postura adoptaron los compañeros que representaban a Montoneros.
¿Cuál fue el siguiente paso de nuestra corriente?
¿Qué pasó en el viaje a Panamá?
Estos y otros temas abordaremos en nuestra próxima nota de esta saga.

*Abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”
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