Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XIX. “Viví en el monstruo …”
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XIX. “Viví en el monstruo …”
 
“..y conozco las entrañas del mismo…”. Este es un párrafo de una carta que José Martí, el líder de la lucha por la independencia de Cuba, le dirige a su amigo Manuel Mercado refiriéndose a los Estados Unidos.

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Fecha:15/08/2017 10:58:00 
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En ello pensaba cuándo supe, por Leopoldo, que la dirigencia del Partido evaluaba la posibilidad de que no sólo que me trasladara al país del Norte para sumarme a la visita que haría Oscar Alende para impulsar la extensión de la “Enmienda Kennedy”, que prohibía la venta de armas a la dictadura pinochetista, al gobierno militar argentino por las serias violaciones a los Derechos Humanos, sino que además me sumara al equipo que editaba el mensuario “Denuncia”. Todo ello se analizaría en el encuentro de todas las “regionales“ a llevarse a cabo en París, a mediados del mes de julio
Previo a ello me debía sumar al equipo de la CADHU que viajaría a Ginebra a la reunión del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para solicitar la sanción del Estado Terrorista Argentino por parte de este organismo internacional.
Salí de la capital mexicana, en la que residía temporalmente, en la segunda semana del mes de mayor calor en el hemisferio norte rumbo a Madrid para visitar a mis hijos que ya estaban finalizando el año escolar en el Colegio Juan de Valdés. Los encontré muy bien y pasé unos días con ellos.
Por diferentes conductos supe que nuestra organización atravesaba una seria crisis. Los golpes de la represión y el fracaso de la “retirada ordenada”, aprobada en abril del año anterior, generaron sospechas y desinteligencias entre los miembros de la Dirección, que obviamente tendían a buscar explicaciones a lo que era una realidad. Primero Perón con la “Triple A”, y luego la Dictadura genocida encabezada por el General Videla, habían derrotado, temporalmente, al movimiento revolucionario peronista y de la izquierda guevarista, al mismo tiempo que golpeaban seriamente a las vanguardias obreras y populares.
Este cuadro explicaba lo que nos pasaba y lamentablemente terminaba en una virtual “caza de brujas” al intentar encontrar el supuesto “filtro” de la inteligencia enemiga en nuestras filas.
Estas noticias me llenaron de tristeza ya que compañeros por los que sentía una gran admiración eran injustamente acusados, pero recordé la máxima de “mantener el optimismo en el corazón y el pesimismo en la inteligencia”, para seguir cumpliendo las tareas que nos exigía el recuerdo de los millones de compatriotas sometidos a una dictadura genocida y de los miles que habían dado su vida en esta lucha.
Al llegar a la “ciudad luz”, que “bien vale una misa”, me encontré con los directivos de la CADHU que, acompañados por nuestro compañero Rodolfo Mattarollo, estaban organizando una conferencia de prensa de tres sobrevivientes de la ESMA, que fueran liberadas como parte de un plan siniestro del Almirante Eduardo Emilio Massera, que estaban dispuestas a testimoniar lo que habían vivido en este campo de exterminio de la Armada.
Se llevaría a cabo en la Asamblea Nacional francesa y sería sin duda el gran impacto previo a la reunión del Comité de Naciones Unidas. Eran Sara Solarz de Osatinsky, compañera de Marcos, un dirigente histórico de las FAR y luego de Montoneros, María Miller de Pirles, y Ana María Martí. Luego se sumó Susana Burgos, la compañera de Carlos Caride.
La valentía de estas compañeras era evidente ya que sabíamos que el régimen militar realizaba operaciones en el exterior, fundamentalmente en Brasil, México y Europa, tratando de secuestrar y asesinar a quienes, como ellas, se sumaban a la denuncia internacional dirigida a aislar al gobierno dictatorial. Por ello, previamente, gestionamos que ACNUR les diera refugio en Suiza lo que fue acordado.
El impacto fue tremendo, y toda la prensa europea reprodujo el testimonio del horror que vivieran los miles de secuestrados que pasaron por el centro clandestino antes de ser asesinados, y al mismo tiempo resaltaron la crueldad con la que el Jefe de la Armada pretendía transformarse en “un nuevo Perón”.
Con ese antecedente positivo viajamos a Ginebra, donde nos esperaban un grupo de compañeros exiliados que residían en esta ciudad sede de numerosas oficinas de las Naciones Unidas.
Habían organizado un “acampe” en una Iglesia católica cuyo párroco adhería a la Teología de la Liberación. Allí se distribuían volantes en español y francés describiendo la criminalidad del gobierno militar y ejemplares del libro de la CADHU “Proceso al genocidio argentino”. Entre ellos estaba “Pola”, la compañera de Benito Urteaga, quien nos había conseguido donde alojarnos.
Pese a toda la documentación obtenida que describía la conducta de la Dictadura Cívico Militar los representantes de la URSS se convertían en una valla para obtener la condena, lo mismo que la postura poco clara del delegado de los Estados Unidos.
Eduardo Luis Duhalde, Gustavo Roca y Lili Massaferro habían hecho una excelente labor en España y Suecia, lo mismo que Vicente Zito Lema en Holanda.
Por su lado Mattarollo había logrado sensibilizar al gobierno francés, pero estos apoyos fueron insuficientes y a la hora de votar no logramos los votos necesarios para la condena. El país que había protagonizado la primera gran Revolución de este siglo gobernado por una burocracia absolutamente insensible privilegiaba los acuerdos comerciales con Videla y sus acólitos a defender los derechos humanos avasallados por el Estado Terrorista y, consecuente con ello, la conducción del Partido Comunista Argentino enviaba delegados a todas las capitales europeas para “desmontar la campaña antiargentina”. Lamentable.
Con este resultado negativo volví a París para el encuentro de las “Regionales”. Participó como invitada especial Matilde Herrera, que tenía sus tres hijos desaparecidos con sus respectivas parejas, así como el padre de estos.
Ella, con Claudia Lareu y Diana Cruces, entre otros, había conformado en la capital francesa la Comisión de Familiares de Desaparecidos. Su esposo era un reconocido pintor, Roberto Aizenberg, vinculado a intelectuales y artistas franceses con una relación estrecha con Julio Cortázar.
Asimismo, le rendimos homenaje a nuestros caídos. Luego evaluamos la actividad realizada, resolviendo que asumiera la dirección del Mensuario “Denuncia“ que se editaba en Nueva York, y Carlos Gabetta la jefatura de redacción.
Este emprendimiento, que se iniciara por la iniciativa de Gino Lofredo, era realmente uno de los aportes más importantes en la solidaridad internacional. Participaban hijos de exiliados argentinos de la década del 60 y algunos latinoamericanos residentes en Nueva York, y se editaba en inglés y castellano.
Con esta tarea regresé a la capital azteca en la que me esperaba Raquel para compartir con ella la nueva tarea asignada.

¿Cómo fue el viaje a la capital del imperio?
¿En que forma lo haría con un pasaporte falso a mi nombre?
¿Qué resultó del encuentro con Don Oscar?
Estos y otros temas abordaré en la próxima nota de esta saga.

*Abogado. Ex Director del diario “El Mundo“ y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”
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