Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XVIII. “Tierra de lagos y volcanes”
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XVIII. “Tierra de lagos y volcanes”
 
Cuando volvía en el avión de Caracas a la ciudad de México hice un balance de la actividad desplegada en “la Patria de Bolívar”, en la que me había encontrado con compañeras y compañeros de diferentes pertenencias políticas que realizaban una actividad de denuncia de los crímenes de la Dictadura Militar y de solidaridad con nuestro pueblo verdaderamente extraordinaria, y contaban con el apoyo de queridos venezolanos como Fredy Balzán y su compañera.

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Fecha:25/07/2017 12:09:00 
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Al mismo tiempo, pasé revista a la cena que había tenido un día antes de la partida en la casa de un militante del Partido, en la que el invitado especial era el Coronel Juan Jaime Cesio, perseguido y degradado por sus pares que usurpaban la Casa Rosada desde el 24 de marzo de 1976. Un par de años atrás este encuentro hubiera sido impensado.
Era evidente que mantenía serias diferencias con la fracción que encabezaba el Dictador Jorge Rafael Videla a la que calificaba de “bandas de delincuentes que usurpaban el gobierno”.
Su actividad como Secretario General del Teniente General Jorge Raúl Carcagno y la postura asumida por este último en la Décima Conferencia de Ejércitos Americanos llevada a cabo en la capital venezolana, en la que denunció que la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por los Estados Unidos, era absolutamente contraria a los intereses de nuestra naciones y de nuestros pueblos, le granjeó la oposición de los integrantes de la cúpula castrense afines con los Estados Unidos, los que estaban muy preocupados por el ascendiente que estaba obteniendo el General entre la oficialidad más joven, por lo que empezaron a presionar y a conspirar para que fuera pasado a retiro.
Perón, en ese momento Presidente de la Republica, lo hizo el 19 de diciembre de 1973 designando en su reemplazo al General Leandro Anaya claramente alineado con la dirigencia del Partido Militar. De todo ello hablamos en aquella cena.
Por supuesto que tenía una posición crítica de nuestro accionar armado y respetuosamente me hizo una serie de consideraciones rescatando la entrega y la coherencia de nuestros combatientes y militantes. Me contó la sorpresa que tuvieron las Madres de Plaza de Mayo cuando se presentó para acompañarlas en la ronda de los jueves. Consideraba que esta fracción, que se había apoderado del gobierno, le estaba ocasionando un daño irreversible a las Fuerzas Armadas que quedarían definitivamente enfrentadas al pueblo y calificadas como genocidas.
En esto, le señalé que coincidía con nuestro Secretario General y Comandante Mario Roberto Santucho, que había consignado en un documento que “un río de sangre separaba a las Fuerzas Armadas de la clase trabajadora y el pueblo”.
Cuando nos estábamos despidiendo, luego de una velada de más de 4 horas, me hizo una revelación importante. Me contó que en 1973 lo había visitado un oficial de alta graduación del Ejército para invitarlo a sumarse a una organización clandestina que combatiría la “subversión” sin los límites legales y haciendo uso de los mecanismos sugeridos por los “asesores“ franceses.
Se trataba de la “Triple A”, que el oficial que lo visitó le comentó que contaba con el aval del General Perón. Esto coincidía con lo que me había manifestado el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain.
Nos despedimos con un fuerte apretón de manos y sentí que se trataba de un verdadero militar sanmartiniano que tenía más que ver con nuestros combatientes del ERP o de los Montoneros que con sus pares del Ejercito.
Cuando llegué a la capital azteca me enteré que se había iniciado el Mundial de Futbol y que, pese a que los exiliados repudiaban el marketing y la propaganda dictatorial, se reunían a ver los partidos en los que jugaba la selección argentina. A mí me resultaba difícil separar el evento deportivo de la situación que vivían miles de militantes revolucionarios en los campos de exterminio de la Dictadura.
En esos días además, el exilio latinoamericano y la izquierda mexicana estaban muy movilizados por el adelanto que había realizado el presidente de la ”Patria de Lázaro Cárdenas”, José López Portillo, que estaba realizando gestiones ante los integrantes del llamado Pacto Andino para reconocer como beligerante al Frente Sandinista de Liberación Nacional que combatía en Nicaragua -la “tierra de lagos y volcanes”- contra la dictadura pronorteamericana de Anastasio Somoza Debayle.
Este es un país centroamericano de 130 mil kilómetros cuadrados con cerca de 3 millones de habitantes en el que se fundó el FSLN, en la primera mitad de la década del 60, como expresión política de la juventud insurrecta y de viejos luchadores que combatieron bajo las órdenes del General Sandino en los años 30.
El dictador, que sucediera a su padre, considerado “el último marine”, ilegalizó los sindicatos, masacró a los movimientos campesinos y proscribió a los partidos de la oposición. Ese año -1978, más precisamente el 10 de enero– sicarios de la Dictadura asesinaron a Pedro Joaquín Chamorro, Director del diario “La Prensa” y principal referente de la oposición no armada. Este crimen generó levantamientos populares en diferentes ciudades del país que fueron reprimidos a sangre y fuego con decenas de muertos.
Este escenario, de evidente profundización del enfrentamiento, es lo que determinó al Presidente mexicano a evaluar la posibilidad de considerar beligerante al Frente Sandinista.
A los efectos de acelerar esta decisión llegaron a la capital azteca los integrantes del llamado “Grupo de los 12“, conformado por intelectuales, profesionales y sacerdotes vinculados al movimiento revolucionario y a la oposición no armada.
Entre ellos estaba Sergio Ramírez Mercado, escritor destacado, Carlos Tunnerman, Rector de la Universidad Nacional, y los sacerdotes Miguel D’Escoto Brockman y Fernando Cardenal -hermano este último del poeta jesuita Ernesto Cardenal uno de los firmes respaldos de la Revolución Cubana, con una estrecha relación con Fidel Castro.
Se reunirían en un hotel en la localidad de Guanajuato para deliberar y realizar una conferencia de prensa con los medios de comunicación social mexicanos y los corresponsales extranjeros. Un compañero periodista, Miguel Patiño, me consiguió una invitación para participar en este encuentro y alojarme en el hotel en el que se hospedarían los nicaragüenses. Sin duda que fue una experiencia inolvidable ya que en ese momento, en que recrudecía la contraofensiva norteamericana y se instalaban dictaduras en muchos países del Continente, en el “país de Rubén Darío“ uno de los regímenes dictatoriales más antiguos estaba siendo seriamente golpeado y se incrementaba la guerra popular y el “amanecer dejaba de ser una tentación“.
Nuestros compañeros del grupo de Cine de la Base, que fundara Raymundo Gleyzer –secuestrado–desaparecido por el Estado Terrorista- que estaban terminando un documental sobre la carta de Rodolfo Walsh a la Dictadura decidieron ponerse a disposición de los revolucionarios sandinistas y filmar las batallas que se aproximaban.
De regreso de la ciudad de los “callejones” y del “beso”, recibí una comunicación de la dirección partidaria en la que me informaban que debía viajar a Europa –más precisamente a Paris- en la segunda semana de julio, para sumarme a la delegación que se constituiría en Ginebra para impulsar la condena a la Dictadura en el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que se reunía en la ciudad suiza, y luego intervenir en el encuentro de los comités de solidaridad de nuestra organización existentes en el viejo Continente y en algunos países de Latinoamérica.
Por otro lado, y a mi regreso, tenía que preparar la llegada a Nueva York de Oscar Alende y de Rafael Follonier, que se sumarían a la importante gestión que llevaban a cabo Gino Lofredo y un grupo de compañeros residentes en los Estados Unidos, para lograr la aprobación de la enmienda “Humphrey Kennedy“ impulsada por Ted Kennedy, dirigida a bloquear la venta de armas a la Dictadura argentina.
Contemporáneamente con esta dinámica nuestra y del otro lado del océano se consolidaban el gobierno revolucionario del M.P.L.A en Angola liderado por Agostinho Neto y el del FRELIMO en Mozambique dirigido por Samora Machel .
Por su parte en Asia,con serios problemas, y la solidaridad de los países del llamado “socialismo real” en particular de la U.R.S.S , el gobierno de Vietnam llevaba a cabo la difícil tarea de reconstruir la Nación, destruida por la agresión norteamericana.

¿Qué pasó en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas?
¿Cómo se desarrolló la visita a los Estados Unidos y que repercusión tuvo la decisión de efectuar algunos cambios en el mensuario “Denuncia“?
Estos y otros temas los abordare en la próxima nota de esta saga.

*Abogado. Ex Director del diario “El Mundo “ y de las revistas “Nuevo Hombre “ y “Diciembre 20”
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