Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XVII. “En la patria de Bolívar“
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte XVII. “En la patria de Bolívar“
 
Cómo relaté en la nota anterior, en el exilio argentino se había abierto un debate en torno al Mundial de Futbol que se llevaría a cabo en Buenos Aires en el mes de junio.

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Fecha:17/07/2017 13:31:00 
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Los partidarios de impulsar el boicot recordaban un movimiento similar que se llevara a cabo cuando la Alemania Nazi organizó los Juegos Olímpicos en Berlín en 1936. La medida, había tenido un relativo éxito, ya que muchos campeones olímpicos anunciaron su decisión de no concurrir pese a lo cual fue una “vidriera“ de propaganda del nazismo.
Era evidente que para la Dictadura genocida argentina este campeonato tenía la misma finalidad. Mostrar el “otro país“, y ocultar o negar la existencia de “desaparecidos” que ya, a esa fecha, sumaban más de 25 mil, según un informe reservado de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense.
En el Secretariado que conformábamos con Rodolfo Mattarollo, decidimos dejar en libertad de acción a nuestros militantes. Por su lado en la CADHU, como no había coincidencias en que hacer, propusimos difundir el documento “Proceso al Genocidio Argentino” y entregárselo a todas los integrantes de los equipos que concurrirían al Mundial con la finalidad de informarlos y confrontar con la propaganda de los grandes medios de comunicación –( Clarín, La Nación y el Grafico,entre otros), y la de las agencias del régimen.
Sabíamos, por otro lado, que la no concurrencia, estando clasificados, les generaba sanciones a los equipos, que se podrían ver privados de participar en los próximos Mundiales, y pensábamos que en ese mes podíamos incrementar nuestra campaña de denuncia y solidaridad.
En este marco además, vivíamos la profundización de la crisis de nuestro Partido. La “retirada ordenada” resuelta en el Comité Ejecutivo de Abril del año anterior había sido abortada por los golpes de la represión, y se transformó en una especie de “sálvese quien pueda”, mientras centenares de compañero eran secuestrados y sometidos a brutales torturas en los “campos de exterminio” del Estado Terrorista.
Esta circunstancia no prevista, determinaba que se empezara a generar un clima de sospecha en el seno de la Dirección, que me quedó claro en los últimos días de marzo de aquél año cuando vino Leopoldo a verme, y me informó que el Buro había decidido que me instalara en México para, apoyado por la Regional, desarrollar y ampliar las alianzas con otras fuerzas políticas, y al mismo tiempo, tomar contacto con los compañeros que editaban el periódico “Denuncia“ en los Estados Unidos.
En la conversación deslizó que había algunos problemas pero que yo debía quedar al margen de los mismos, por lo que era fundamental que partiera cuanto antes. Así lo hice, y en una semana me despedí de los chicos y viajé con él a la capital azteca.
Allí me encontré con los queridos compañeros que he mencionado y programamos una agenda que incluía encuentros con Ricardo Obregón Cano, Julio Villar, Oscar Del Barco y las respectivas direcciones del COSPA y del CAS.
En todos los casos se reafirmaría nuestro propósito de unidad en la diversidad y de seguir acortando las diferencias frente a un enemigo cada vez más brutal y decidido a modelar un país conforme a los intereses de las clases dominantes.
Encontramos una buena acogida entre los interlocutores con los que nos reunimos. En el caso del grupo de intelectuales marxistas que se referenciaban en Juan Carlos Portantiero, Oscar del Barco y José María Aricó, que editaran en los 60 la revista “Pasado y Presente” y que se reivindicaban “gramscianos”, tenían serias críticas a las organizaciones revolucionarias que habíamos tomado las armas para luchar por una sociedad socialista y una patria liberada.
Dimos con ellos un debate respetuoso reiterándoles que pese a las diferencias teníamos que profundizar la denuncia al Estado Terrorista.
Respetando estas opiniones, pero manteniéndonos firmes en nuestra postura, logramos fortalecer los acuerdos puntuales.
Luego que lo despedimos a Leopoldo me fui a vivir con Raquel, una compañera economista que trabajaba en el equipo del hijo del ex presidente Luis Echeverría Alvarez, que militaba en Córdoba y al agudizarse la represión contra ella y su familia viajó a México.
Al mismo tiempo, comencé a buscar trabajo consiguiendo entrar como “free lance” en la revista “Geografía Universal”. El responsable de la edición mexicana era un compatriota, y en la publicación que editaba el Instituto de Defensa del Consumidor, también dirigían dos argentinos.
En esos días recibí una invitación de Fredy Balzán –un periodista venezolano que trabajaba en el “Nacional“ de Caracas, para que viajara a ese país a fin de realizar una serie de actividades dirigidas a denunciar al gobierno argentino y a reclamar la aparición con vida de los “desaparecidos”. La invitación la hacían en mi condición de ex director de un diario –El Mundo”- y por sugerencia de la Unión de Periodistas de Cuba.
En todos estos viajes usaba un pasaporte a mi nombre que me entregara la compañera Claudia de la sección de “documentación” del Partido. Indudablemente que estaba muy bien falsificado ya que no tuve problema en mi ingreso y egreso a España y a México, por lo que emprendí el viaje a la tierra de Bolívar seguro que sortearía los controles de Migraciones.
En el vuelo pensé con qué país me encontraría. Con una extensión de más de 900 mil kilómetros cuadrados de superficie solo tenía 17 millones de habitantes. En enero de1958 la dictadura de Marcos Pérez Jiménez que había refugiado a Juan Domingo Perón luego que este abandonara Paraguay, fue derrocada y se inició un período de “democracia estable” bajo un gobierno de coalición de Acción Democrática -la democracia cristiana que se expresaba en el partido COPEI y la Unión Republicana Democrática.
Esta estabilidad se debió a los cuantiosos ingresos petroleros. El control de los yacimientos estaba totalmente en manos de empresas trasnacionales.
Este “boom” generó un crecimiento injusto y desordenado para los sectores populares. Dieciseis años más tarde, bajo la presidencia del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, los recursos petroleros fueron nacionalizados como así también el hierro.
Este presidente, que estaba en el Palacio de Miraflores en ese año, estimuló las asociaciones de productores de materias primas, apoyó la creación del SELA -el Sistema Económico Latinoamericano- y defendió en diversos foros diplomáticos el programa del Nuevo Orden Económico Internacional.
En el aeropuerto me esperaban Fredy y su compañera que me recibieron como un hermano, con muestras de cariño, y me contaron que ambos habían estado en Buenos Aires en 1973 cuando se editaba el diario “El Mundo”. Sufrieron un accidente de tránsito cuando se dirigían a Ezeiza y estuvieron internados con serias lesiones.
Luego de instalarme en un hotel me llevaron a cenar a su casa para hacerme conocer la agenda preparada, que incluía una larga entrevista que se publicaría en “El Nacional“, que era sin duda el diario más tradicional de esta Nación con columnistas internacionales destacados, entre los que estaba nuestro compatriota -exiliado– Tomás Eloy Martinez.
Ellos ya les habían avisado a los compañeros que integraban el Comité de Solidaridad de mi llegada y me reuní con los mismos en esos días. Encontré a compañeros entrañables, como el ex diputado radical Adolfo Gass, Ana de Skalon, militante de la Juventud Peronista, y Sofía Algarbe, una compañera nuestra, abogada, hija del que fuera Secretario de Perón antes que el nefasto José Lopez Rega, y cuya pareja, también colega, estaba “desaparecido”.
Habían realizado un intenso trabajo de denuncia y recibieron el apoyo del partido en el gobierno –Acción Democrática- y de diferentes movimientos sociales. El pueblo venezolano les daba una excelente acogida.
Cuando había pasado una semana de intensas reuniones, un viejo amigo, Farat Sire Salim, que había defendido junto con Gustavo Roca y Norberto Frontini a los militantes revolucionarios caídos en Salta en el intento guerrillero que encabezara Jorge Ricardo Masetti, que se había radicado en Mérida y era docente de la Universidad, me invitó a que viajara a esa zona de sierras para dar una serie de charlas sobre la situación argentina organizada por el Rectorado de esa Casa de Estudios. Acepté y pasé unos días de intensos recuerdos haciendo el balance de aquellos primeros 60.
De vuelta a Caracas Fredy me acompaño en un vuelo a la zona de Maracaibo invitado por la Corporación del Hierro a cuyos directivos les interesaba conocer nuestra mirada de la situación argentina.
El mencionado Tomas Eloy y Rodolfo Terragno estaban comenzando a editar el “llamado “Diario de Caracas”, y me convocaron a la redacción.
Se trataba de un emprendimiento periodístico de la llamada “burguesía emergente”, y sin duda el encuentro fue gratificante.
Luego de un balance y de una despedida muy animada de los compatriotas, y siempre acompañado por los anfitriones, abandoné este país con una tradición histórica muy fuerte y una impronta bolivariana que se hacía notar.

¿Cómo preparamos a mi regreso a la capital azteca el viaje a los Estados Unidos?
¿De que manera podíamos profundizar la denuncia en el país del Norte?
Este y otros temas abordaremos en nuestra próxima nota.

*Abogado.-Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”
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