Un viaje hacia la utopías revolucionarias. Segunda parte XVI. “Escapando de infierno”
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia la utopías revolucionarias. Segunda parte XVI. “Escapando de infierno”
 
Esto fue lo que hizo, en los primeros meses del año1978, un militante revolucionario peronista de la organización Montoneros al lograr fugarse del centro de exterminio que instaló el Ejército en la unidad militar de Campo de Mayo.

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Fecha:11/07/2017 11:09:00 
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Retomando el hilo de la narración recuerdo que en el viaje de regreso de Praga a Madrid hice un pequeño balance de los logros que había obtenido en la visita a aquella llegando a la conclusión que era sumamente importante el compromiso que habían asumido los compañeros de la conducción de la Organización Internacional de Periodistas respecto a llevar adelante una gran campaña por la aparición con vida de los trabajadores de prensa secuestrados en nuestro país.
Al mismo tiempo, en los otros encuentros había logrado confrontar con la visión maniquea de los comunistas criollos en relación con las características de la Dictadura.
Al llegar a la capital española y reencontrarme con la familia, tomé conciencia que la relación de pareja con Alba estaba definitivamente terminada.
Anunció que se iría a trabajar a la cosecha en el Sur de la península, por lo que nuestros tres hijos quedaban a mi cargo. Concurrían a un Colegio de un grupo evangélico, muy solidario con los exiliados, llamado “Juan de Valdés”.
Su director era un Pastor de nombre Luis que era sumamente afectuoso con los alumnos y con nosotros. Nuestro hijo mayor, que cuidaba a su hermanos –Luis Manuel – me contaba que entre los alumnos había algunos hijos de opositores al gobierno revolucionario de Cuba y que cuando él aparecía con la remera que tenía la imagen del Che se generaban en los recreos, verdaderas batallas campales.
Al mismo tiempo que recuperaba la vida familiar, me reintegre a la actividad en la Comisión Argentina de Derechos Humanos.
Se había sumado a la conducción de la misma, en representación de Montoneros, una gran compañera Lidia Angela Massaferro –“Lili”.
Era un personaje de gran calidad humana, coherencia y firmeza, que había conducido el Movimiento “Evita” en el país.
Era muy fácil militar con ella, ya que tenía una gran amplitud y apostaba a la unidad de los revolucionarios.
Por otro lado, nos adelantó que se incorporarían en los próximos meses, representando a su organización, un ex diputado provincial de una provincia del Sur, Pablo Ramos, y Olimpia Díaz. Por otro lado, las gestiones de Eduardo Luis Duhalde y de Gustavo Roca en Suecia habían logrado que una ONG sueca aprobará un programa para asistir a los exiliados argentinos que llegaban con serias dificultades económicas. La Administración quedaría a cargo de nuestra entidad.
A finales de febrero, nos llegó la noticia que un oficial Montonero había logrado fugarse de Campo de Mayo y que en unos días llegaría a España. Elaboramos un plan para recibir al compañero y al mismo tiempo garantizar su seguridad, para lo cual, Eduardo se entrevistó con los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español.
Esperábamos con gran ansiedad el arribo de este verdadero “héroe” que había sobrevivido en un campo de exterminio por el que pasaron, hasta esa fecha, más de 3000 “secuestrados –desaparecidos”.
Finalmente llego el día esperado. “Lili “ lo acompañaba y con una voz pausada, sin ningún rasgo de superioridad y con la humildad de un revolucionario comprometido, nos empezó a contar su odisea.
Se llamaba Juan Carlos Scarpati –“Cacho”, oriundo de Mar del Plata, oficial de su organización. Fue emboscado por una patota del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, que evidentemente tenían la orden de capturarlo o matarlo en los primeros días de setiembre de 1977.
Resistió el intento y recibió ocho balazos, dos de ellos en la cabeza. Sumamente grave ingresó a la terapia intensiva del Hospital Militar de Campo de Mayo absolutamente inconsciente. Luego de veinte días en estado de coma, lo que impidió que fuera torturado.
Fue asistido por una “cautiva” que se negó a quitarle la vida pese a su pedido. Nos explicó que él consideraba que “la muerte era un estado de liberación que no todos tuvieron la suerte de alcanzar“.
Cuando recuperó el conocimiento recibió la "visita” del General “genocida” Santiago Omar Riveros, Jefe de Institutos Militares y responsable de este campo de prisioneros.
Riveros le explicó que tenía dos opciones: sumarse a un grupo de ex integrantes de las organizaciones subversivas que colaboraban con el Ejército Nacional para aniquilar a aquellas, o seguir el destino de los detenidos y luego de ser sometido a torturas, “trasladado” que era la forma eufemística con la que se referían a la muerte.
Teniendo siempre en mente tratar de fugarse, aceptó integrarse al grupo de “colaboradores”, y una vez que pudo caminar lo obligaron a realizar tareas de mantenimiento lo que le permitió conocer, al detalle, los recovecos de este centro de exterminio.
En una oportunidad observó con horror un “traslado“. Subían a 30 o 40 cautivos adormecidos a un camión que los llevaba hasta la cabecera de la pista del Batallón de Aviación del Ejército donde los embarcaban en aviones. Previamente les habían retirado la ropa y estaban todos desnudos-hombres y mujeres. Observó que quemaban la ropa y vió decolar a las aeronaves. Por los números y las letras que les asignaban calculó que hasta ese momento habían pasado 3500 secuestrados.
Todos los días pensaba en diferentes planes de fuga hasta que sucedió algo inesperado. Uno de los “grupos de tareas” lo convoco para participar en un operativo que llevarían a cabo en la ciudad de La Plata dirigido a detener una pareja de integrantes de un grupo de izquierda, no le dijeron cuál.
En el procedimiento, participaban cuatro oficiales del 601 más el chofer él estaba en el asiento trasero del Falcon . Al llegar al lugar, rompieron la puerta de una casita modesta e irrumpieron a los gritos obligando a la pareja que vivía en esta a arrojarse al suelo mientras eran golpeados brutalmente. Al mismo tiempo, comenzaron a llevarse, en grandes bolsas, los objetos de valor que encontraban. El botín de guerra -siguió relatando Juan Carlos- quedó atrás en el hall de entrada, y observó que habían dejado una Itaka apoyada en la pared. Sin pensarlo dos veces la tomó salió a la calle y detuvo al primer automovilista que pasaba obligándole a que le entregara el auto y el dinero que llevaba. Salió raudamente hacia la ruta que unía esta ciudad con Buenos Aires, no teniendo claro que haría, ya que estaba seguro que en su organización sospecharían si intentaba algún contacto.
En ese momento se acordó de un viejo compañero que había conocido en las Fuerzas Armadas Peronistas que hacía años que no militaba, y recurrió a este, que por supuesto le busco un refugio seguro mientras le conseguía un DNI falso.
Al mismo tiempo, comenzó a preparar el viaje a Brasil. Llegó una semana después a San Pablo, y con algunos contactos consiguió documentos para viajar a Europa y el dinero necesario.
De esta forma, concluyó, “he llegado a esta ciudad y ustedes dirán como hacemos para que toda esta información sea pública. Estoy dispuesto a hacer lo que me pidan", concluyó.
Inmediatamente nos pusimos a preparar la conferencia de prensa, que pensamos tendría mayor repercusión si la llevábamos a cabo en París, por lo que los compañeros de la dirección de la CADHU junto a Rodolfo Mattarollo quedaron a cargo de la organización de la misma.
Cuándo nos estábamos despidiendo me acerque y le pregunte si había visto en el campo algunos de los compañeros del Partido que habían caído en abril de ese año 1977. Me dijo que sí y que la mayoría habían sido salvajemente torturados y posiblemente asesinados.
Salí del lugar con una profunda tristeza y ratificando el convencimiento que tenía que enfrentábamos un enemigo despiadado.
En esos días el exilio estaba inmerso en un gran debate ya que la Dictadura preparaba el Campeonato Mundial de Futbol para junio de ese año buscando de esa manera mejorar su imagen.
Había dos posturas. Por un lado, plantear el boicot al mundial y hacer gestiones ante las diferentes ligas de fútbol de los países participantes para pedirles que no concurrieran o aprovechar el mismo para difundir y denunciar los crímenes del Estado Terrorista.
¿Cuál fue la posición dominante?
¿ Cómo enfrentar los primeros síntomas de la crisis interna de nuestra organización?
Estos y otros temas abordaré en la próxima nota de esta saga.

*Abogado.-Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas” Nuevo Hombre “ y “Diciembre 20”.
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