Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte VIII. "París bien vale una misa"
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte VIII. "París bien vale una misa"
 
Ver imagen Esta frase fue inmortalizada por Enrique IV (1553-1610) cuando tuvo que renunciar a su postura de hugonote para convertirse al catolicismo y así lograr el reinado de Francia que en ese momento era el país más importante de la región.

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Fecha:17/03/2017 11:51:00 
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En eso pensaba cuando viajaba de Madrid con los chicos y Alba en el tren nocturno a la “ciudad luz”.
El Partido había decidido que nos instaláramos en la misma ya que sería el epicentro de la solidaridad con nuestro pueblo y en la denuncia a la Dictadura genocida.
Sin embargo “Ricardo” –Enrique Gorriarán Merlo-había quedado impresionado de mi estado de salud y nos había manifestado que nuestra dirección haría consultas con los cubanos para ver si me podría tratar en La Habana la úlcera, que me tenía a mal traer.
Con esa impronta que nos llenaba de confusión llegamos a la ciudad de Jean Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvoir.
Habíamos hablado previamente por teléfono con Tere y Martin y nos dirigimos a su departamento donde nos alojaríamos temporalmente. Estos eran dos compañeros por los que sentíamos un afecto entrañable.
Con Martin Federico teníamos una historia común y muchas coincidencias. Ambos éramos abogados y habíamos militado durante muchos años en el peronismo integrando, ya en los 70, el Frente Revolucionario Peronista que lideraban Armando Jaime y Juan Carlos Arroyo.
Con diferencia de meses nos incorporamos al Partido Revolucionario de los Trabajadores y pasamos a la clandestinidad.
Teresita, por su lado, era una activista del gremio docente, con estrecha vinculación con el Partido.
Cuando tuvieron que pasar a la clandestinidad se fueron a Buenos Aires y Martin se incorporó a nuestro Frente participando en las reuniones con los dirigentes políticos democráticos y en la iniciativa dirigida a conformar un Frente Antigolpista.
Su padre había sido el último intendente peronista de la “Docta” desplazado y detenido por los golpistas en setiembre de 1955.
Nos recibieron con gran alegría y nos contaron, ya que hacía varios meses que estaban en Francia, las dificultades que atravesaban con el idioma y con la estricta y poca hospitalidad de los parisinos.
Además, si bien el gobierno concedía el refugio sometía a los refugiados a una disciplina muy férrea alojándolos, en un primer momento, en campamentos, fuera de la ciudad, en los que se dictaban los cursos de francés.
Obtener trabajo de por sí era difícil ya que a los extranjeros les reservaban tareas de mantenimiento de viviendas o de limpieza.
Con ese panorama veíamos complicada nuestra estadía permanente en este país.
La noche del día que llegamos nuestros hijos y los de ellos se pusieron a jugar y alrededor de las 10 llegó la policía porque había habido una denuncia de un vecino por los supuestos “ruidos molestos” generados por estos.
Cuándo sintió el reclamo y la presencia policial, Luis Manuel, que era el mayor de mis hijos, me miró y me dijo “aquí también nos van a perseguir”.
Superado este mal momento comenzamos a planificar las reuniones que mantendría en los próximos días ya que habían llegado muchos compañeros del Partido y de organizaciones amigas.
La formación de la Comisión Argentina de Derechos Humanos-CADHU- con la confluencia de Montoneros, PRT, OCPO, PROA e independientes, le daba un marco institucional a la denuncia que permitía tener una mejor llegada a los partidos de la izquierda y de la socialdemocracia europea.
En la nación gala, por su parte, el Partido Socialista liderado por Francois Mitterandtenía una clara postura en favor de los perseguidos por las dictaduras latinoamericanas y había encabezado, en 1973, la denuncia del golpe en Chile y apoyado al gobierno de Salvador Allende.
Para visitar al Secretario de Relaciones Internacionales de esa organización me reuní con Rodolfo Mattarollo que desde 1975 venía construyendo, en solitario, el denominado por el Partido: Frente Internacional.
Con la rigidez militante que lo caracterizaba había logrado un dominio total del idioma y activado las relaciones con todos los dirigentes de las organizaciones que estaban dispuestos a apoyar nuestra causa.
Me explicó, lo que luego pude corroborar, que el gran escollo para la denuncia era la postura del Partido Comunista Argentino y de las representaciones diplomáticas de los países cercanos a Moscú.
Estos sostenían que Videla era un “general democrático“ que enfrentaba a los “pinochetistas” –Menéndez, Bussi y Suarez Mason, y que por eso había que apoyarlo.
En realidad, la verdadera razón era que el gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente en ese momento era James Carter, había iniciado un bloqueo económico a la URSS por el ingreso de tropas soviéticas en Afganistán y a eso se sumaba la condena de la Casa Blanca a la dictadura cívico militar de nuestro país.
Por lo que esta última había activado las relaciones con la nación soviética llegando incluso a otorgarles, en la unidad militar de Campo de Mayo –donde estaba el mayor campo de exterminio del régimen- la orden “General San Martin“ a dos generales del Ejército Rojo que participaron en la venta de armas a nuestro país.
La reunión, con el compañero de la dirección de relaciones internacionales del PSF, fue sumamente interesante y se desarrolló en un ambiente fraternal.
Este hablaba muy bien el español ya que había vivido en España durante la guerra civil -1936-1939- combatiendo en las filas de los republicanos y luego integró la resistencia antifascista que logró derrotar el Ejército Alemán y expulsarlo de París en 1945.
Luego de un almuerzo en un restaurant argelino nos preparamos para visitar al Partido Comunista galo que tenía una postura ambivalente con respecto a la Dictadura como me explicó Rodolfo.
Por una parte mantenía una vinculación, con contradicciones, con el Kremlin. Diferencias que comenzaron en el final de la segunda guerra ya que los comunistas habían tenido una participación activa en la Resistencia al nazi fascismo y cuando lograron expulsar a los alemanes, primero de Paris y luego del territorio galo, se plantearon construir el nuevo gobierno con una clara impronta de izquierda.
Stalin pensaba diferente y negoció a espaldas de los comunistas franceses, con los aliados, que fuera el sector encabezado por el General De Gaulle quién asumiera la conducción de la Francia liberada con el compromiso de estos de respetar los gobiernos del llamado “socialismo real”, en el Este europeo.
De esta forma el esfuerzo de los resistentes y la posibilidad de un gobierno de los que habían luchado, se vio frustrada.
En los años siguientes los crímenes del stalinismo alejaron a numerosos militantes y a intelectuales, con reconocimiento internacional, de este partido.
A todo esto se sumaba que el delegado del Partido Comunista Argentino, que vivía en la capital francesa, tenía sus oficinas en la sede del PCF y defendía la postura de su organización.
Pese a todo ello la entrevista fue cordial y dado que llegaba del territorio me escucharon con atención ofreciendo la solidaridad con los perseguidos pero señalando las diferencias con el guevarismo.
Luego de estas reuniones formales decidimos visitar a dos grandes compañeros y amigos que vivían en esta ciudad.
Uno era Luis Cerruti Costa al que me unía una relación muy estrecha desde los años 60 y al que había conocido en la casa de Alicia Eguren y John William Cooke y el otro era un extraordinario y consecuente demócrata que había sido víctima de un atentado criminal de la Triple A.
Hipólito Solari Yrigoyen se llamaba y fue el defensor de Agustín Tosco cuanto este fue encarcelado por encabezar el Cordobazo.
¿Cómo fueron estas entrevistas?
¿Por qué volvimos a Madrid?
¿Cómo y dónde se desarrolló el Comité Ejecutivo ampliado del Partido en la Semana Santa de ese año?
Estos y otros temas abordaremos en la próxima nota de esta saga.

*Abogado.-Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”
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