Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte VI. En la patria de La Pasionaria
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Por Manuel Justo Gaggero *
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda parte VI. En la patria de La Pasionaria
 
Ver imagen Cuándo el piloto del avión anunció que se iniciaba el descenso en el aeropuerto de Barajas, en la capital española, comencé a rememorar la trágica historia del pueblo y de la clase trabajadora de esta nación, en los últimos 45 años.

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Fecha:17/02/2017 13:32:00 
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Primero una guerra civil en la que el bando fascista utilizó todas las armas, que luego le servirían al Tercer Reich para ocupar gran parte de Europa en la Segunda Guerra Mundial, contra los que defendían la Republica, anarquistas, socialistas, comunistas y republicanos.
Luego una dictadura, que gobernó el país de Goya y de García Lorca desde finales de la década del 40 hasta mediados de la década del 70.
Lo hizo asesinando a los opositores, negando todas las libertades, desconociendo la particularidades y las autonomías regionales y manteniendo en el atraso y la ignorancia a la mayoría de los españoles.
Este émulo de Hitler tuvo como huésped a Juan Domingo Perón y a su esposa María Estela Martínez que prefirieron vivir “protegidos“ por este genocida a trasladarse a la Cuba Revolucionaria.
Fidel, el Che y los dirigentes revolucionarios del primer país socialista de América, les hicieron llegar una invitación para que se radicaran en la Habana, a finales del año1962.
En esta nación Perón seria recibido como Presidente en el exilio.
El portador de esta fue John William Cooke y no sólo que el “General“ la rechazó, sino que además le hizo saber que “Isabelita” no quería tener relación alguna con nuestro amigo y compañero por estar vinculado a los “zurdos”.
En esta búsqueda, en el baúl de los recuerdos, pensé en Dolores Ibarruri Gómez, integrante de una familia de mineros asturianos que había utilizado el seudónimo de “La Pasionaria”, para firmar un artículo que publicara en un periódico clandestino.
Absolutamente autodidacta quedó impresionada por la Revolución Rusa y participó en la fundación del Partido Comunista.
Se destacaba por una oratoria apasionada y vibrante y estuvo en la resistencia con la que el pueblo madrileño enfrentó a las hordas franquistas.
Para eludir la represión, luego de la derrota del bando republicano, se exilió en la Unión Soviética su único hijo varón murió combatiendo en las filas del Ejército Rojo, en la batalla de Stalingrado.
Recordaba que en los encuentros de la militancia estudiantil siempre cantábamos las canciones que entonaban los combatientes revolucionarios de esa España insurgente.
Ensimismado en mis pensamientos, pasé Migraciones sin problema, pese a que mi pasaporte estaba a mi nombre pero había sido confeccionado por los compañeros de “documentación“del Partido.
En la salida me esperaban dos compañeros por los que sentía un gran afecto. Ambos, abogados, integraron el equipo de Solidaridad del que era responsable mi hermana Susana con la que los unían fuertes lazos y, no pocos sobresaltos, ya que llegó un momento que era imposible visitar las cárceles y llevar adelante la defensa de nuestros militantes presos por la acción represiva de la Triple A–la banda paraestatal que se creara en 1973.
Gustavo y Liliana me recibieron con abrazos y besos y me ofrecieron la casa de ellos para que nos instaláramos hasta que resolviéramos en qué lugar nos radicaríamos definitivamente.
Luego de un intercambio de buenas y malas noticias nos trasladamos a su casa donde me esperaba Alba ya que lo primero que teníamos que hacer era viajar a Barcelona a buscar a mi madre y a nuestros hijos que, llegarían en un trasatlántico en el que viajaban desde Buenos Aires.
Madrid me pareció una ciudad muy manejable y en la que sentí me gustaría vivir, más aun con los aires de libertad que se respiraban luego de la muerte del Dictador y del inicio de la transición que lideraba Adolfo Suarez.
Este -un liberal de derecha pero democrático – quería sepultar la historia pasada sin tener en cuenta que era necesario castigar a los responsables del genocidio e investigar el paradero de miles de “desaparecidos”.
El pasado siempre volvería en la medida que no se lograra memoria, verdad y justicia.
Antes de viajar esa noche a la ciudad catalana lo llamé a Eduardo Luis Duhalde para vernos y conocer las actividades de la Comisión Argentina de Derechos Humanos –CADHU– ya que era factible que integrara la dirección de la misma en representación de nuestra organización.
Eduardo me recibió con alegría ya que habían circulado rumores alarmantes respecto a que yo había sido víctima de la represión.
Luego me comentó que estaba avanzado el libro sobre los crímenes del Terrorismo de Estado que se titularía “Proceso al Genocidio Argentino” y que habían logrado que Elías Querejeta, que tenía una editorial importante, y era muy solidario, se hiciera cargo de la edición.
Con esa ironía que lo caracterizaba me dijo “Manolo no te creas que estas en Europa esto es el norte de Africa “y soltó una carcajada.
A la noche viajamos a Barcelona para recibir a los chicos y a mamá. Lo hicimos en un tren que no era nada moderno y demoró toda la noche.
Al llegar tomamos un taxi para ir al puerto y el taxista nos preguntó de dónde veníamos. Le dijimos que de la capital y nos dijo “de M de mier….”.
Sin duda las diferencias regionales se habían profundizado pese a la supuesta “unidad nacional” forzada que había impuesto el Dictador.
La alegría de los chicos y de mi madre era muy grande ya que en un momento habían pensado que podíamos no estar y no tenían noticias de cómo había sido nuestra salida clandestina del país.
No dejaban de contarnos lo bien que lo habían pasado en un barco que hacía su último viaje.
Las comidas, los cines, el paso por la zona de los trópicos, todo formaba parte de una gran aventura que ocultaba la tristeza de dejar el terruño, los abuelos Sager, el primo Enrique.
Esa misma noche volvimos a Madrid y nos instalamos en la casa de Gustavo y Liliana por unos días hasta encontrar una pensión acorde con nuestros magros recursos.
En la tarde me fui a encontrar con “el Pelado”Gorriarán, que me había citado en un café madrileño tradicional.
Sentía un profundo afecto por él desde los 60 ya que era muy amigo de Luis y Susana y sin duda me había salvado la vida al ordenarme que abandonara el país.
Comenzamos a intercambiar diferentes informaciones y me comentó que esta tarde nuestro ERP llevaría a cabo una acción que podía cambiar el curso de la historia.
¿En qué consistía la misma?.
¿Cómo fue nuestro viaje a Francia?.
Esto y otros temas abordaremos en la próxima nota de esta saga.

*Abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”
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