Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda Parte IV. "Reencuentros en tierra azteca"
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Por Manuel Justo Gaggero*
Un viaje hacia las utopías revolucionarias. Segunda Parte IV. "Reencuentros en tierra azteca"
 
En la conversación con el “Cacho” Constantini, en el encuentro que comencé a narrar en la nota anterior, pasamos revista a lo que se había hecho en el país y en el exterior para exigir la aparición con vida de nuestro amigo y compañero Haroldo Conti.

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Fecha:18/01/2017 13:00:00 
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Le comenté que nosotros, en el equipo, y, siguiendo las directivas de la dirección del Partido habíamos decidido visitar a los escritores que habían sido “invitados“ por el Dictador Videla para almorzar en la Casa Rosada.
Esta invitación formaba parte de la intención del régimen de mejorar su imagen.
El primero con el que nos contactamos fue Jorge Luis Borges que nos recibió con su estilo tradicional y nos comentó que no había leído nada de Haroldo y que, por otra parte, pensaba que lo de los “desaparecidos“ formaba parte de la campaña de los subversivos para mostrar aspectos del gobierno militar que, a su criterio, no eran tales.
Volvió a insistir que había sido correcta la llegada al gobierno de los militares para terminar con el “desgobierno “ de Isabel Martínez.
Tuve que hacer un esfuerzo para no “putearlo” pero recordé que lo importante era Haroldo y no mi bronca.
Con Ernesto Sábato no nos fue mejor, ya que este suscribía totalmente la “teoría de los dos demonios” y nos preguntó si nos constaba que nuestro amigo no formaba parte de alguna “organización subversiva”, porque en este caso no quería interferir con las acciones del gobierno militar que entendía que apuntaban a “hegemonizar” el uso de la fuerza.
El único que al contrario planteo que le hablaría al Dictador y le pediría por Conti fue el Padre Leonardo Castellani –que había sido confesor de Eva Perón y que lo conocía a nuestro amigo de su paso por el Seminario lo consideraba una excelente persona y un gran escritor.
Por cierto el balance no era positivo pero revelaba que no nos detuvo la necesidad de no poner en riesgo la clandestinidad a la hora de salir a reclamar por la aparición con vida de Haroldo que una vez me había preguntado “cuál era el rol de un escritor en un proceso revolucionario y si el mismo solo se reducía a distribuir volantes”.
Humberto por su parte me puso al tanto de todo lo que se había logrado en México y en Europa.
En la nación azteca numerosos escritores mexicanos y latinoamericanos habían publicado una carta abierta dirigida a la Dictadura Militar reclamando por la aparición de Haroldo, secuestrado en Buenos Aires en mayo de 1976.
Encabezaban la misma, entre otros, el mexicano Carlos Fuentes, el sacerdote y escritor nicaragüense Ernesto Cardenal y el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
Tuvo una extraordinaria repercusión y fue comentada en radios y canales de televisión de varios países de nuestro sufrido Continente.
Por su lado en Europa nuestro compatriota Julio Cortázar había logrado pronunciamientos de destacados escritores del viejo Continente como Humberto Eco, entre otros, que se sumaban al reclamo.
Por su parte el Tribunal Russell, conformado a instancia del filósofo y matemático ingles Bertrand Russell, había reclamado la aparición con vida de nuestro compañero.
Acordamos que seguiríamos en esa dirección denunciando los crímenes de la dictadura, y nos despedimos con un fuerte abrazo quedando en vernos antes que yo viajara a España.
En las tareas que me había encomendado Nora –la compañera de Merbilaha– estaba la de reunirme con los militantes del Partido que residían en este país, ponerlos al tanto de la situación en que vivía la Argentina y comentarles la decisión de nuestra organización de comenzar una retirada ordenada al mismo tiempo que se comenzaba a preparar un Comité Ejecutivo ampliado a llevarse a cabo en el exterior.
Además me había adelantado que estaba en el DF una compañera que yo había incorporado al Partido en 1974, cuyo nombre de guerra era “Paula”.
La misma era abogada y había tenido un comportamiento destacado ya que participó en algunas actividades riesgosas a principios de 1975 de las que he dado cuenta en la primera parte de esta saga.
Su hermano que, como yo, provenía del peronismo revolucionario, había sido abatido en diciembre de 1975 en el intento de copamiento del Arsenal de “Viejo Bueno “ intentado por nuestro ERP.
Antes de encontrarme con ella decidí llamarlo a un viejo y querido compañero que se había refugiado en la Embajada de México en Buenos Aires y con el que compartía una historia que se remontaba a la época de estudiante.
El “Negro” Rafael Pérez estaba eufórico cuando nos encontramos en unos de los tradicionales “Sanborns“del Distrito.
Nuestro último encuentro había sido al asumir la defensa de los compañeros del ERP que intentaron tomar la unidad militar con asiento en Catamarca en setiembre de 1974, y luego en la conferencia de prensa en la que denunciamos la masacre perpetrada por el Ejército Argentino al asesinar a casi dos decenas de guerrilleros desarmados luego de que se rindieran y exigieran el respeto a las Convenciones de Ginebra.
El asesinato de Alfredo Curuchet y de Silvio Frondizi, con los que compartíamos dicha actividad profesional, determinó que tomáramos una decisión rápida para evitar ser víctimas de la banda paraestatal -la Triple A- que ya estaba bajo la dirección del partido militar y que había decidido que los “subversivos” no podían tener defensa legal alguna.
Este contexto hizo que yo me incorporara al PRT y pasara a la clandestinidad y que el “Negro” y Felipe Martin iniciaran el camino del exilio.
Por otro lado como nuestra relación databa de la época que habíamos conformado la Juventud Universitaria Peronista, como rama estudiantil del sector del peronismo que lideraban Alicia Eguren y John William Cooke teníamos muchos temas para repasar en aquel encuentro que siguió luego en su casa hasta altas horas de la madrugada.
Recordamos que con esta organización nos propusimos romper el enfrentamiento entre el movimiento estudiantil y el peronismo por lo que decidimos ingresar a los centros de estudiantes, reivindicar la Reforma del 18 y solicitar el ingreso a la Federación Universitaria del Litoral y a la FUA.
De esa forma, junto con la corriente que lideraba en Tucumán Armando Caro Figueroa(h), nos constituimos en la expresión del peronismo en el seno de los estudiantes en un momento de grandes movilizaciones por el presupuesto universitario y de acercamiento con los sindicatos que protagonizaban importantes batallas en defensa de las fuentes de trabajo y en procura de mejores salarios.
Nos acordamos de lo que significó la llegada de Mario Geller al Consejo Superior de nuestra Universidad Nacional del Litoral , el que junto con Néstor Verdinelli militaba en el centro de estudiantes de Ciencias Económicas y la incorporación de compañeros muy respetados en Ingeniería Química, como Raúl Churruarín y en el Profesorado como Alba.
Los debates con los compañeros del Ateneo formaron parte de estos recuerdos.
Esta organización estudiantil fue una cantera de militantes que, años después, integraron la organización Montoneros.
No nos olvidamos lo que significó la “sangre nueva” que aportaron los mucho más jóvenes como Juan Penschansky y Héctor Miró.
Salimos de la nostalgia y me contó que junto con el “Bebe“ Esteban Righi, Ricardo Nudelman y otros compañeros habían conformado el CAS-Centro Argentino de Solidaridad- como una organización que nucleaba a los “independientes” ya que los integrantes de las organizaciones –Montoneros, PRT ,OCPO y otras- estaban en el COSPA que tenía su sede en la Casa Argentina.
Nos despedimos acordando que nos volveríamos a ver cuándo regresara a este país situación que no tenía claro cuando se podía dar ya que en principio estaba destinado a Francia.
Al día siguiente recibí un mensaje de Balta en el que me decía que mis hijos y su abuela se habían embarcado, sin problemas, en un barco con destino a Barcelona lo que determinó que apresurara mi viaje a España.
La Nación de Zapata y Pancho Villa había sido muy generosa con nuestros compatriotas exiliados y con todos los latinoamericanos perseguidos.
A los que tenían título universitario los habían integrado como docentes en las Universidades y en los Centros de Investigación.
Otros fueron incorporados a Estado y los que eran periodistas pasaron a formar parte de las plantillas de los principales diarios.
Por su lado los integrantes del grupo de “Cine de la Base” que fundara Raymundo Villaflor, también secuestrado desaparecido, fueron sumados a proyectos de la industria del cine local o a los canales de televisión.
La presencia de quien fuera Rector de la Universidad de Buenos Aires Rodolfo Puiggros en la conducción de la Casa Argentina facilitaba la relación con las autoridades del país azteca.
Este vivió en esta nación entre los años 1961 y 1967, fue cofundador del diario “El Día” y de su suplemento cultural el “Gallo Ilustrado“ y docente de la UNAM.
Tenía una estrecha relación con el ex presidente Luis Echeverría y ahora con el actual primer mandatario José López Portillo.
Finalmente me encontré con Paula la que me trasmitió una sensación negativa, ya que no me parecía correcto que se caracterizara a los compañeros con criterios que se confrontaban con la flexibilidad que había demostrado el Partido en la última etapa.
Por otro lado esta mirada no tenía en cuenta el difícil momento que vivía nuestro pueblo y la militancia partidaria en el marco de un Estado Terrorista.
De esa forma comenzó aquél primer viaje al México insurgente que seguiré narrando en la próxima nota.
*Abogado, ex director del diario “El Mundo“ y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.
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